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Cladosporium en la mira: ProCitrus fortalece la vigilancia y el manejo en campo

Vigilancia sostenida: manejo de Cladosporium en campo

Donde todo comienza

La presencia de este patógeno en los cultivos citrícolas se ha convertido en una amenaza creciente para la calidad comercial de la fruta, especialmente en las variedades destinadas a exportación. Se trata de un hongo oportunista que, favorecido por daños previos y ciertas condiciones climáticas, requiere un manejo integral permanente. El Departamento Técnico de ProCitrus comparte los avances registrados en la presente campaña hasta el momento.

Respecto a la campaña de cítricos en la zona sur del país –que abarca principalmente los valles de Cañete, Ica y Nasca–, Clodoaldo León, especialista técnico de Control Biológico y Proyectos Especiales de ProCitrus, informa que se ha presentado una serie de desafíos con impactos significativos, principalmente, en las distintas variedades de mandarinas: “Las Satsuma cerraron su campaña con floraciones escalonadas, baja calidad externa y afectación por mosca de la fruta y ácaros, lo que redujo su valor comercial y dejó parte sin cosechar. Actualmente, las W. Murcott y Tango están finalizando cosecha. Aunque el rendimiento general es moderado, estas variedades muestran mejor calidad para exportación en comparación con campañas anteriores”.

León sostiene que la temporada ha estado marcada por una combinación de factores climáticos, fitosanitarios y comerciales. “No obstante, la vigilancia fitosanitaria y el manejo adecuado de nuevas plagas, como Scirtothrips dorsalis, han sido claves para un cierre exitoso de la campaña”, puntualiza.

En lo que se refiere a Cladosporium, comenta que se ha intensificado la presencia de este hongo en la zona sur: “Si bien este patógeno forma parte del entorno natural de los campos, podemos decir que los factores de esta campaña han favorecido su incidencia y severidad, especialmente en determinadas variedades”.

La aparición de Cladosporium –agrega– se ha visto estrechamente relacionada con la alta presencia de Phyllocoptruta oleivora, comúnmente conocido como ‘ácaro del tostado’, cuya actividad durante el verano debilitó considerablemente la piel de los frutos, especialmente en las mandarinas Satsuma. “Este daño previo generó condiciones ideales para la colonización del hongo, provocando lo que se ha denominado daño mixto: manchas y lesiones que, inicialmente, podrían atribuirse al ácaro pero que en muchos casos han sido exacerbadas por Cladosporium”.

En el caso de las variedades tardías como W. Murcott y Tango, también se ha observado una alta incidencia del ácaro del tostado. A ello se sumó un cambio importante en las condiciones climáticas a partir de marzo, con el inicio del otoño. León señala que el aumento de la humedad ambiental, especialmente durante la madrugada, junto con descensos bruscos de temperatura, han favorecido heridas que actúan como puertas de entrada para Cladosporium, facilitando su desarrollo y manifestación de síntomas.

Resalta que un aspecto preocupante es el avance de la senescencia en los frutos, observable en varios campos que actualmente están en plena cosecha: “Esta condición, asociada al estrés climático y fisiológico de las plantas, también predispone al fruto a infecciones por Cladosporium. La combinación de senescencia y daño superficial incrementa notablemente el riesgo de que estas lesiones se expresen también en destino, afectando la calidad de exportación”, indica.

La campaña actual ha evidenciado que Cladosporium, aunque endémico y común en los campos cítricos, puede convertirse en una amenaza significativa bajo determinadas condiciones. El especialista hace hincapié en que la convivencia con este hongo implica un enfoque de manejo integrado que contemple el control riguroso de ácaros como Phyllocoptruta oleivora, la reducción de factores de estrés en las plantas y una vigilancia activa de las condiciones climáticas que favorecen su proliferación. Solo así se podrá mitigar su impacto en la calidad de la fruta, especialmente en mercados exigentes.

León concluye que la presencia de Cladosporium en los campos citrícolas, particularmente en la zona sur del país, ha ido en aumento en las últimas campañas, convirtiéndose en un patógeno que exige una estrategia de manejo permanente. “Este hongo, al igual que Mycosphaerella citri, puede provocar pérdidas importantes en la calidad comercial del fruto, especialmente en las variedades destinadas a exportación”.

“Controlar Cladosporium en cítricos no es cuestión de una sola práctica ni de tratamientos puntuales. Requiere un enfoque integral, preventivo y continuo, con énfasis en el manejo agronómico del cultivo. La combinación de buena poda, monitoreo sanitario y reducción del estrés en las plantas marcará la diferencia en la incidencia de esta enfermedad, protegiendo así la calidad de la fruta y la sostenibilidad de la producción”, recomienda Clodoaldo León.

RUTA NORTE

Por su parte, Joel Mendoza, especialista del Departamento Técnico de ProCitrus, brinda detalles sobre el desarrollo de la campaña en el norte chico, que abarca Huaral, Irrigación Santa Rosa, Huacho y Barranca. “La cosecha de cítricos en esta zona se inició a fines de mayo con fruta de la primera flor de W. Murcott, y se espera que la campaña de exportación culmine a fines de agosto. Esto se debe a que la fruta de segunda flor ha acelerado su maduración debido a las condiciones climáticas registradas desde junio. En comparación con las campañas 2023 y 2024, la fruta presenta una mejor maduración y un mayor porcentaje exportable. Este avance responde a un mejor control de Cladosporium y del ácaro del tostado, así como a la significativa reducción de problemas fisiológicos como la senescencia y el gumming, los cuales han sido mínimos o casi imperceptibles en esta campaña”, destaca.

La baja incidencia de Cladosporium en la fruta de la primera flor es resultado del control oportuno del ácaro tostado, principal factor indirecto del manchado causado por este patógeno. “Las labores de poda para mejorar la iluminación y la ventilación, junto con la adecuada aplicación de aceites, azufre y cobre, han contribuido notoriamente al control del hongo. Sin embargo, se ha empezado a observar la presencia de Cladosporium en la fruta de la segunda flor, como consecuencia del aumento de la humedad relativa desde la segunda quincena de mayo”, advierte.

Mendoza menciona las principales recomendaciones de manejo para minimizar el impacto de Cladosporium en las plantaciones: “Es importante realizar una poda adecuada para estructurar la copa del árbol, favoreciendo la ventilación y la entrada de luz. Igualmente, eliminar rebrotes periódicamente para mantener la estructura óptima y facilitar las aplicaciones fitosanitarias”.

Asimismo –indica–, debe retirarse el material vegetal en descomposición como restos de poda y hojarasca, para reducir el inóculo del hongo. Se puede enterrar, eliminar mecánicamente o asperjar con compuestos como cobre, azufre o productos biológicos como Trichoderma spp.

Recomienda también a los productores: “Utilizar óxido cuproso en dosis de 0,2 a 0,3 kg por 200 L para prevenir el desarrollo de Cladosporium, evitando fitotoxicidad y manchado de frutos; aplicar azufre DP (polvo para espolvoreo) sobre la hojarasca al inicio de la campaña (25-30 kg/ha) y en verano para controlar ácaros (50-70 kg/ha), con un lavado previo de las plantas para evitar efectos adversos; y usar aceite mineral en concentraciones de 1 % a 1,2 % para asfixiar al hongo y evitar su desarrollo, asegurando una buena cobertura en frutos y hojas, así como la calibración del equipo de fumigación para realizar aplicaciones en momentos tempranos de incidencia.cladosp

Es importante, además, “el manejo del estrés, por lo cual se debe optimizar el riego y evitar condiciones de estrés hídrico, salinidad y cambios bruscos de humedad y temperatura, que pueden favorecer la proliferación del hongo; asimismo, el monitoreo con plaqueo, considerando el uso de placas Petri con medio PDA para detectar la presencia de Cladosporium en campo y evaluar la eficacia de las estrategias de control”, precisa.

“Estas prácticas integradas buscan reducir la presión de inóculo, mejorar la calidad del cultivo y minimizar los rechazos de fruta en la comercialización”, culmina Joel Mendoza.

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