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Enfermedades foliares: el desafío sanitario que enfrenta el arándano peruano

Entrevista al Dr. Walter Apaza, director del Departamento de Fitopatología de la UNALM

Hojas bajo la lupa

Las enfermedades foliares revelan cómo el ambiente y el manejo agronómico influyen en el arándano. Esta entrevista explica su impacto en Perú y las prácticas empleadas para proteger la calidad de la fruta.

¿Qué condiciones climáticas o de manejo han favorecido la expansión de enfermedades como Alternaria, Botrytis cinerea y oídio en los arándanos peruanos en los últimos años?

Efectivamente, los años húmedos —especialmente durante los meses de cosecha, entre junio y julio— han favorecido significativamente la presencia de Botrytis. En contraste, el oídio se intensifica en épocas de temperaturas altas y climas secos. Por ejemplo, en años particularmente cálidos como 2023, la presión de oídio fue muy fuerte mientras que la incidencia de Botrytis fue baja.

Este año se ha dado una situación particular: entre las semanas 21 y 27 (de mediados de mayo a junio), especialmente en el norte del Perú, se registraron temperaturas altas que han incrementado la presencia de oídio. Recordemos que este hongo prospera justamente en condiciones de calor y sequedad.

¿Qué daños ocasiona Alternaria y cómo se controla esta enfermedad?

Alternaria es un hongo asociado principalmente a fruta sobremadura. Si la frecuencia de cosecha es cada 7 días, pero por alguna razón se prolonga a 10, 12 o hasta 16 días, la fruta se sobremadura y, al llegar al destino, esta enfermedad se convierte en un problema serio.

La principal medida de control es cosechar la fruta en su punto óptimo de madurez: no muy verde, pero tampoco sobremadura. La genética influye mucho; hay variedades que requieren una frecuencia de cosecha mayor que otras. Además, las variedades que concentran grandes volúmenes de fruta en picos muy pronunciados generan un riesgo adicional: si los cosechadores dejan fruta sin recolectar y regresan recién a los 7 días, ya han pasado 14 días desde la cosecha previa, lo que crea condiciones ideales para Alternaria.

¿Qué impacto ha tenido Botrytis cinerea y cómo se viene enfrentando esta patología en los campos peruanos?

En zonas y años húmedos, Botrytis es un problema de especial cuidado. Esta enfermedad tiene la capacidad de generar infecciones quiescentes o latentes; la fruta puede parecer sana al momento de la cosecha, pero las conidias pueden haber iniciado su germinación. Durante el transporte, especialmente hacia destinos lejanos, el hongo puede desarrollar micelio incluso a temperaturas cercanas a 0 °C, llegando como una complicación importante al importador.

Para su control, se aplican fungicidas botriticidas, aunque los límites máximos de residuos (LMR) en destino condicionan fuertemente cuáles se pueden usar. Asimismo, muchas empresas realizan tratamientos poscosecha mediante inyección de anhídrido sulfuroso en los clamshells, con el objetivo de eliminar conidias latentes. Esta es una medida muy extendida entre las grandes procesadoras y funciona específicamente y con buena eficacia contra Botrytis.

¿Cómo ha evolucionado la presencia del oídio en la industria del arándano y qué resultados se han obtenido con las medidas de control?

El oídio se ha vuelto un problema recurrente. A diferencia de enfermedades como la roya, no defolia la planta, pero existen variedades altamente susceptibles, especialmente aquellas con cutículas muy delgadas en las células epidérmicas. El control debe enfocarse en la etapa de brotamiento, que coincide con temperaturas altas y climas secos.

Considero que, en los sistemas orgánicos, el oídio es probablemente el principal problema fitosanitario. En arándanos orgánicos, tanto la nutrición como las estrategias de manejo carecen de fungicidas altamente eficaces, empleándose sobre todo productos biorracionales. El objetivo es mantener la enfermedad en niveles bajos para evitar afectaciones en el calibre y calidad de fruta. Con severidades altas, la planta sintetiza etileno, lo que genera un envejecimiento prematuro y reduce significativamente el calibre.

En su experiencia, ¿qué variedades muestran mayor susceptibilidad a estas patologías?

Depende del patógeno. En el caso de oídio y roya, variedades como Ventura y Biloxi son muy susceptibles. En genética privada también se observan niveles variables de susceptibilidad, dependiendo en gran medida de las medidas de manejo aplicadas.

¿Cómo evalúa el nivel de conocimiento fitosanitario entre productores medianos y grandes?

Considero que el nivel es bueno, especialmente en empresas grandes, que estructuran sus estrategias en función de los LRM en los mercados de destino. Los productores exportan a la Unión Europea, Estados Unidos y Asia, por lo que deben cumplir con normas estrictas. La presión de los retailers europeos —que exigen solo cinco ingredientes activos y un tercio de los LMR de la UE— ha elevado mucho el nivel técnico, particularmente en el uso de fungicidas.

Sin embargo, aún hay mucho por desarrollar. La experiencia local es valiosa, pero siempre es importante recordar que una estrategia diseñada para California o Chile no necesariamente funciona en Perú, ya que nuestras condiciones ambientales son diferentes. Contamos con genética de cero o bajo requerimiento de frío, y el arándano se comporta prácticamente como un cultivo siempre verde. Esto exige estrategias de manejo ajustadas a cada zona productiva.

¿Qué líneas de investigación deberían priorizarse en los próximos años?

La prioridad debería centrarse en poscosecha. Siendo Perú abastecedor de los principales mercados del mundo y considerando las largas distancias de transporte, la tecnología poscosecha es fundamental para que nuestros arándanos mantengan calidad y competitividad.

Aunque el país ha impuesto estándares relevantes, la competencia es cada vez más fuerte y debemos seguir avanzando. Es primordial investigar soluciones que permitan que la fruta llegue con buena calidad y sin problemas sanitarios a destinos de tránsito largo, como Europa o Asia.

De otro lado, es fundamental que el desarrollo de los componentes del manejo integrado se realice considerando cada zona y ecosistema. La problemática sanitaria en Olmos no es la misma que en Chavimochic, así como la de la costa central es diferente a la de la sierra. También es importante estudiar la reacción varietal: en Perú tenemos una gran diversidad genética, pero aún estamos conociendo cómo reaccionan las variedades frente a años fríos o calurosos. En 2023, por ejemplo, algunas variedades no se adaptaron bien al calor, mientras que otras no mostraron cambios significativos. Hay que seguir investigando para entender estos comportamientos y su impacto sanitario, pues la variabilidad climática modifica la incidencia y severidad de las enfermedades.

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