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Manejo integrado y diagnóstico temprano: la apuesta del INIA para el arándano

Ing. Juan Carlos Rojas Llanque, coordinador del Programa Nacional de Frutales del INIA

Investigación y tecnología para una agroexportación competitiva

Arándanos: ciencia en acción

El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) viene concentrando sus esfuerzos en dos grandes líneas de trabajo: el Manejo Integrado de Plagas y el Manejo Agronómico del cultivo de arándano. Ambos frentes se desarrollan desde la Estación Experimental Donoso, en Huaral (Región Lima).

La Estación Experimental Donoso se ha convertido en un espacio clave para evaluar el comportamiento del arándano en condiciones representativas de la costa central. Desde allí, el INIA impulsa dos proyectos orientados a generar información y tecnologías que respondan a los desafíos actuales del cultivo.

El primero, “Desarrollo de alternativas de Manejo Integrado de Plagas para la producción sostenible del cultivo de arándano en Huaral”, aborda dos problemáticas: las aves plaga y la muerte regresiva causada por Lasiodiplodia theobromae. “El objetivo es comprender mejor las especies de aves presentes en la zona, su comportamiento y los momentos de mayor daño, para luego proponer estrategias de control aplicables y económicamente viables. En paralelo, se trabaja en una tecnología de manejo integrado para enfrentar la muerte regresiva, una enfermedad que afecta la estructura productiva de las plantas en la costa central”, explica el Ing. Juan Carlos Rojas Llanque, coordinador del Programa Nacional de Frutales del INIA.

El segundo proyecto, “Implementación de tecnologías de última generación para detección simultánea de múltiple patógenos en arándano”, está orientado a mejorar la capacidad de diagnóstico temprano. “Gracias a una alianza con CIAT y Senasa, el INIA ha podido incorporar métodos como el secuenciamiento de ADN portátil (Oxford Nanopore) y el sistema TaqMan Array Card, que permiten identificar varios patógenos de forma paralela y con mayor precisión. Este trabajo también ha facilitado la estandarización de protocolos de campo y laboratorio, así como un flujo constante de intercambio de información entre instituciones”, precisa Rojas.

Si bien aún no se han concretado proyectos conjuntos directos con Proarándanos, el coordinador destaca que ya existen bases para una articulación más estrecha. “Un paso importante se dio a través del proyecto PNIA 241_PI, que permitió reunir en un taller participativo a universidades, especialistas en sanidad vegetal, empresas productoras y exportadoras, consultores privados y representantes de Senasa. Este espacio ayudó a identificar las principales demandas tecnológicas del cultivo en la región Lima y sentar las bases para futuros trabajos coordinados”. Es importante destacar que el INIA cuentas con investigadores en frutales con amplia experiencia que están desarrollando trabajos articulados con el sector público y privado.

EN LA RUTA

El INIA tiene previsto fortalecer la investigación en control biológico de plagas, una necesidad creciente en un contexto donde los mercados exigen frutas con niveles muy estrictos de residuos químicos. “El objetivo es avanzar hacia soluciones que se integren de forma natural al Manejo Integrado de Plagas, priorizando agentes de control y prácticas acordes con los principios de la agricultura sostenible. Debemos considerar que una de las principales limitantes de acceso a los mercados mundiales son las restricciones por exceder los límites máximos permisibles de residuos, debido a los rigurosos estándares de calidad e inocuidad”, señala Rojas.

Paralelamente, el INIA proyecta desarrollar estudios comparativos entre distintos tipos de propagación de plantas de arándano, con el fin de evaluar su desempeño en rendimiento y calidad bajo condiciones de costa central, información importante para la toma de decisiones de los productores.

Rojas destaca que uno de los retos más importantes para el Perú es la adaptación al cambio climático, lo que exige reforzar la investigación en mejoramiento genético, manejo inteligente de plagas y eficiencia en las labores de cosecha. “A ello se suma la necesidad de incorporar tecnologías digitales como drones, imágenes satelitales, sensores e inteligencia artificial, herramientas que permiten monitorear con mayor precisión el uso del agua, los nutrientes y otros factores críticos para la productividad”, precisa.

Para que estos avances lleguen efectivamente al campo, el especialista enfatiza la importancia de fortalecer la articulación entre el sector público, la empresa privada y la academia. “Solo así la transferencia tecnológica podrá ser más rápida, más clara y realmente útil para los productores”, concluye el Ing. Juan Carlos Rojas.

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