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Arándanos bajo presión

Sanidad vegetal en un contexto de anomalías climáticas

La Dra. Heidi Huarhua, especialista en Fitopatología y docente de la UNALM, analiza cómo el incremento de la humedad, las temperaturas inusuales y la amenaza del fenómeno El Niño costero generan condiciones favorables para enfermedades como la botrytis y la oidiosis.

Tanto la oidiosis como la Botrytis representan enfermedades de gran importancia económica para la producción y agroexportación de arándanos, ya que afectan distintas etapas fenológicas del cultivo y, en conjunto, pueden impactar negativamente tanto el rendimiento como la calidad de la fruta.

«La oidiosis, causada por Erysiphe vaccinii, puede convertirse en una de las enfermedades foliares más severas del cultivo, ya que reduce el área fotosintética, debilita la planta y puede comprometer la calidad comercial de los frutos jóvenes», explica la Dra. Agr. Heidi Huarhua, docente del Departamento de Fitopatología de la Universidad Agraria La Molina (UNALM).

Por otro lado –sostiene– Botrytis cinerea conocido como ‘moho gris’, presenta un periodo crítico que abarca desde el inicio de la floración hasta la poscosecha. Este patógeno ocasiona caída prematura de flores y frutos, pudriciones, pérdida de firmeza y una reducción de la vida de anaquel durante el almacenamiento y transporte.

Adicionalmente, ambos patógenos representan un desafío fitosanitario debido a las exigencias de los mercados internacionales en materia de límites máximos de residuos (LMR). La especialista señala que, en muchos casos, el número permitido de aplicaciones por campaña y las restricciones sobre determinados ingredientes activos pueden convertirse en factores limitantes para el manejo químico: “Por ello, resulta fundamental fortalecer las estrategias de manejo integrado, el monitoreo permanente y la rotación adecuada de fungicidas”.

ALERTA CLIMÁTICA

Considerando el actual escenario de anomalías climáticas y la posible ocurrencia de un fenómeno El Niño costero en el Perú, podrían generarse condiciones altamente favorables para la aparición e incremento de brotes de enfermedades, dependiendo de factores como los microclimas, la ubicación geográfica y la variedad cultivada, entre otros.

La Dra. Heidi Huarhua comenta que el incremento de la temperatura y la humedad relativa genera microclimas húmedos dentro del cultivo, aumentando la presión de inóculo de diversos patógenos. Además, la probable presencia de lluvias inusuales podría intensificar la incidencia de Botrytis, mientras que limitaría la severidad de la oidiosis.

“Estas alteraciones climáticas afectan los procesos fisiológicos de la planta, generando desequilibrios en la floración y las brotaciones. Este desbalance vegetativo puede favorecer el desarrollo de patógenos biotróficos como la oidiosis, debido al incremento de tejido joven y susceptible”, enfatiza.

En el caso de Botrytis cinerea, el incremento de la temperatura puede favorecer un mayor desarrollo del follaje, generando microclimas húmedos y condiciones de escasa ventilación dentro del cultivo. Esto favorece la producción y germinación de los conidios del hongo y, en consecuencia, aumenta la infección de flores, frutos y otros tejidos desde el inicio de la floración hasta la poscosecha. “Además, si las temperaturas continúan elevándose, se esperaría una mayor incidencia de insectos, cuyos daños mecánicos facilitan el ingreso y la infección del patógeno”, indica.

En conjunto, estos escenarios climáticos incrementan el riesgo de epidemias, pérdidas productivas y problemas de calidad en la fruta destinada a exportación, por lo que es necesario reforzar el monitoreo fitosanitario y climático, para una toma de decisiones oportuna y adecuada.

Las etapas fenológicas más vulnerables dependen de cada enfermedad. En el caso de la oidiosis, causada por Erysiphe vaccinii, la fase más crítica corresponde al estado vegetativo, ya que el patógeno afecta hojas desarrolladas, aunque también puede extenderse a hojas jóvenes y brotes. “Esto reduce el área fotosintética y debilita la planta. Los productores deben estar atentos a señales tempranas como pequeñas manchas cloróticas ubicadas en los tercios inferiores de la planta, zonas donde la enfermedad suele establecerse debido a su preferencia por ambientes con menor exposición directa a la radiación solar. Asimismo, deben observar la presencia de un polvillo blanquecino en el haz o envés de las hojas, característico del desarrollo del micelio y los conidios del hongo”, comenta la especialista.

Por otro lado, Botrytis cinerea puede afectar distintas etapas del cultivo. En vivero o almaciguera, los plantines son altamente susceptibles debido a las condiciones de elevada humedad. “En campo, el periodo más crítico se presenta desde la floración hasta la fructificación, ya que el hongo puede infectar flores y frutos, además de permanecer en tejidos senescentes. Asimismo, continúa siendo un problema importante durante toda la vida de anaquel en poscosecha”, afirma.

Entre las señales tempranas de esta enfermedad destacan la necrosis de flores, el ablandamiento de frutos y la aparición de un micelio grisáceo característico sobre restos florales que permanecen en la planta o en las propias flores. La Dra. Huarhua destaca que el uso de cámaras húmedas permite detectar tempranamente la presencia de Botrytis en campo.

ESTRATEGIA EFICAZ

“Desde un enfoque fitopatológico, el manejo integrado de Botrytis y la oidiosis debe sustentarse en la prevención, el monitoreo permanente y la toma oportuna de decisiones, especialmente en un contexto climático cada vez más variable, que favorece el desarrollo de estos patógenos”, señala la Dra. Huarhua. Una estrategia fundamental es implementar programas de monitoreo en campo que permitan detectar tempranamente condiciones predisponentes y síntomas iniciales de la enfermedad, funcionando como una herramienta de alerta para intervenir de manera oportuna.

Asimismo, resulta importante incorporar variedades con mayor tolerancia. “En un estudio que realicé sobre Botrytis cinérea en arándano, se observaron respuestas diferenciales entre variedades, identificándose genotipos comerciales con una tolerancia significativamente mayor en frutos. Esto representa una alternativa prometedora para disminuir las pérdidas tanto en campo como en poscosecha”, declara.

Otra herramienta clave es el uso de agentes de control biológico, especialmente especies de Bacillus con potencial antagónico frente a Botrytis y otros fitopatógenos.

“El control químico continúa siendo una herramienta importante dentro del manejo fitosanitario. Sin embargo, he realizado investigaciones en las que evaluamos la sensibilidad de aislamientos de Botrytis colectados a nivel nacional entre 2019 y 2021 frente a siete fungicidas. Los resultados evidenciaron una alta frecuencia de resistencia, principalmente a ingredientes activos como pyraclostrobin y thiophanato-metílico, asociada al uso repetido de estos productos y a programas de rotación inadecuados, por lo que resulta recomendable implementar estrategias de rotación de fungicidas”, detalla.

Puntualiza que, por ello, resulta fundamental implementar programas anuales de monitoreo de la sensibilidad a fungicidas de las poblaciones del patógeno.

A TOMAR MEDIDAS

Frente a las actuales condiciones climáticas asociadas al fenómeno El Niño, caracterizadas por incrementos de temperatura, humedad relativa y eventos de lluvias inusuales, se generan condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades como Botrytis y la oidiosis en los cultivos de arándano, bajo ciertos microclimas. La Dra. Huarhua manifiesta que estos escenarios incrementan la presión de inóculo y el riesgo de epidemias tanto en campo como en poscosecha, especialmente en zonas con limitada ventilación y elevada humedad dentro del cultivo.

“En este contexto, considero fundamental fortalecer los programas de monitoreo fitosanitario y climático mediante evaluaciones permanentes de incidencia y severidad de las enfermedades, así como el seguimiento de variables ambientales predisponentes, como la humedad relativa, la temperatura, los periodos de mojado foliar y la condensación dentro del cultivo. Asimismo, es importante identificar oportunamente los focos de inóculo primario y secundario presentes en campo, los cuales muchas veces están asociados a restos de poda, flores senescentes, frutos momificados o tejidos infectados que no fueron eliminados adecuadamente, favoreciendo la reinfección y dispersión de los patógenos”, explica.

Además –sostiene–, el monitoreo debe enfocarse en las etapas fenológicas más susceptibles, principalmente desde la floración hasta la fructificación y la poscosecha en el caso de Botrytis, y durante el desarrollo vegetativo en el caso de la oidiosis. Herramientas como las cámaras húmedas, la evaluación periódica de síntomas iniciales y el seguimiento de puntos críticos dentro del campo pueden contribuir a una detección temprana y a una toma de decisiones más eficiente.

Por otro lado, resulta importante optimizar las prácticas culturales orientadas a reducir la humedad y mejorar la ventilación dentro del cultivo, mediante podas sanitarias o podas de raleo, los cuales permitirán un adecuado manejo del dosel vegetal y la eliminación oportuna de tejidos infectados.

Asimismo, la incorporación de estrategias de control biológico basadas en cepas antagonistas (Bacillus subtilis, B. amyloliquefaciens, Trichoderma harzianum, T. asperellum, entre otras), así como en sus metabolitos o productos biorracionales, como extractos de neem, aceite de árbol de té y bicarbonato de potasio, representa una alternativa complementaria dentro del manejo integrado. “Estas herramientas pueden emplearse de manera paralela a las aplicaciones químicas, las cuales deben planificarse bajo estrategias de rotación sustentadas en códigos FRAC, con el objetivo de disminuir la presión de selección y prevenir el desarrollo de resistencia, considerando que las condiciones cálidas y húmedas pueden acelerar los ciclos de infección e incrementar las poblaciones de estos patógenos”, resalta.

Adicionalmente, refiere, el manejo de insectos desde la floración hasta la fructificación es clave, ya que las heridas ocasionadas en los frutos facilitan el ingreso de Botrytis cinerea. Al tratarse de un patógeno necrotrófico, estos daños pueden convertirse en importantes puntos de infección y fuentes de inóculo secundario dentro del campo.

En el caso de la oidiosis, es elemental manejar adecuadamente la fertilización nitrogenada, ya que un exceso de nitrógeno estimula el crecimiento de tejidos vegetativos, generando condiciones favorables para el establecimiento y desarrollo del patógeno, lo que puede incrementar la incidencia y severidad de la enfermedad.

“Es importante promover la incorporación de variedades mejoradas con un mejor comportamiento sanitario y fortalecer un enfoque integral de manejo que permita mantener la productividad, la calidad y la competitividad del arándano peruano en los mercados de exportación”, señala la Dra. Heidi Huarhua.

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