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“La agroexportación ya es un orgullo nacional y debemos protegerla”

Fundador y primer presidente de AGAP y de ProVid, Felipe Llona impulsó desde la empresa Don Fermín, en Chincha, cultivos orientados a la exportación como la uva Red Globe, el espárrago y la palta Hass, cuando el Perú apenas comenzaba a mirar al mundo desde sus campos. Actualmente continúa vinculado al sector a través de Agrodetech EIRL, desde donde mantiene una activa mirada sobre el futuro del agro peruano y sus desafíos.

¿Cómo nació su vínculo con el agro y qué lo llevó a dedicarse a esta actividad?

Mi vínculo con el agro nace desde la infancia. Mi padre fue ingeniero agrónomo, de la primera promoción de la Escuela de Agricultura y Veterinaria. Mi madre sentía una gran fascinación por el campo, y tres de mis hermanos también estuvieron vinculados a actividades rurales y agrícolas. Yo soy el último hijo varón de mi familia.

En ese contexto, y debido a la Reforma Agraria, decidí estudiar Derecho. Me casé con la hija de un ingeniero de minas y de una familia con vínculos agrícolas en Chincha, por lo que siempre estuve, de una u otra forma, ligado al agro.

Después de casi 30 años de ejercer la abogacía, decidí dedicarme plenamente a la agricultura. Adquirí un fundo en Chincha, donde inicialmente sembré maíz y otros cultivos. Posteriormente, incorporé espárrago blanco y palta Hass. Para la palta Hass trajimos semilla de Israel, implementamos riego por goteo y recibimos asesoría técnica israelí. De igual manera, instalamos uva Red Globe, un cultivo de exportación, también con riego por goteo y con asesoría de especialistas de Israel.

Como primer presidente de ProVid y de AGAP, ¿cuáles considera que fueron los pilares de este crecimiento y las lecciones que no deben olvidarse?

Fui uno de los precursores de las siembras orientadas a la agroexportación, al igual que otros agricultores con visión exportadora, es decir, dedicados a producir para los mercados internacionales. Fue junto a “Luchón” Alayza de Losada y otros excelentes agricultores que comenzamos a dar forma a la idea de constituir un gremio agroexportador. Nos tomó casi dos años agrupar a los productores con esa visión, y junto con ProCitrus, ProHass, el Instituto Peruano del Espárrago, ProVid y otros gremios, finalmente fundamos lo que hoy es AGAP.

Los pilares que consolidaron la creación de AGAP fueron precisamente los gremios que lo integraron, porque al constituirse dieron origen a una institucionalidad que es parte esencial y fundamental de la estructura de cualquier organización que represente a un sector productivo del país.

Aprovecho también para señalar que aún hay mucho por hacer. Existen numerosos mercados abiertos para nuestros excelentes productos, y debemos trabajar intensamente en ellos. La competitividad global es cada vez más exigente, por lo que no debemos olvidar la necesidad de mejorar continuamente nuestra competitividad.

Asimismo, debemos mantener siempre un fuerte compromiso social, que es fundamental para el crecimiento y desarrollo del sector. Cuando me refiero a ello, hablo de seguir fortaleciendo aspectos culturales, educativos, económicos y sociales en beneficio de los trabajadores.

Usted ha señalado que el Perú podría vivir una nueva etapa de expansión agrícola con más infraestructura e irrigaciones. ¿Qué riesgos existirían si el país vuelve a perder esa oportunidad?

Se viene, en muy poco tiempo, una nueva etapa de expansión agrícola. Las represas, el encauzamiento de los ríos y la mejora de los sistemas hídricos van a generar irrigaciones calculadas en no menos de un millón o millón y medio de hectáreas. Ese es un reto extraordinario.

Pero hay un factor fundamental: el agua. Hoy, en términos globales y geopolíticos, el agua es esencial, y hacia allí debemos dirigir gran parte de nuestras inversiones para mejorar la infraestructura hídrica del Perú. Agua tenemos; no podemos seguir permitiendo que se vaya al mar. Realmente provoca preocupación ver los millones de metros cúbicos que no son aprovechados ni por el sector agrario ni por el urbano.

Hay que culminar las represas, mejorar —a través de la ANA— el encauzamiento de los ríos en los distintos valles de la costa y de las zonas interandinas, y proteger las riberas, como ya se ha hecho en Chincha, en el departamento de Ica, con obras en los ríos Matagente y Chico. Son trabajos extraordinarios. También debemos encauzar y aprovechar mejor muchas de las aguas que fluyen de oriente a occidente.

Creo que esta es una tarea a la que el próximo gobierno debe abocarse necesariamente. No debemos perder esta oportunidad. He escuchado incluso propuestas para prohibir la agroexportación, y no existe mayor absurdo que ese. Sería poner en riesgo más de un millón y medio de empleos y frenar las oportunidades de desarrollo, salud, educación y crecimiento económico para miles de familias peruanas.

Desde su experiencia, ¿cuál considera que es la gran transformación pendiente para modernizar y fortalecer el agro peruano?

Lo fundamental es implementar tecnología de primer nivel. Eso ya existe en muchos fundos, pero debe extenderse a toda la agricultura en general. Hoy existen metodologías y tecnologías para la pequeña agricultura, la agricultura familiar, la mediana y la gran agricultura, tanto en la costa como en la sierra y la selva.

Hay tecnología disponible y debemos trasladarla, generarla, traerla e invertir en soluciones tecnológicas adaptadas a los diferentes tipos de agricultura que tenemos en el país. De esa manera podremos enfrentar los desafíos que se vienen.

El Perú es un país prodigioso. Yo aprovecho estas líneas para pedirle al Estado que priorice los institutos tecnológicos agropecuarios. Es una pena ver las condiciones en las que se encuentran algunos de ellos; realmente es lamentable.

Necesitamos crear institutos de tecnología agraria de primer nivel y avanzar decididamente en la tecnificación del agro.

Así como el peruano lleva con orgullo su gastronomía al mundo, ¿por qué la agricultura y la agroexportación también deberían convertirse en motivo de orgullo nacional?

La agroexportación ya es un orgullo nacional. A veces resulta inexplicable convivir con opiniones negativas o injustas sobre un sector que le ha dado tanto al país. Sin duda, siempre hay aspectos por mejorar y errores que corregir, como ocurre en toda actividad humana, pero debemos seguir avanzando.

Hoy el Perú, en términos de agroexportación, no solo representa un orgullo nacional, sino también un referente a nivel mundial. Hemos demostrado que podemos competir con los mejores mercados del mundo y llevar productos de altísima calidad. Por eso, debemos proteger y fortalecer este sector, porque representa empleo, desarrollo y futuro para el país.

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