“Debemos crecer de manera inteligente, ampliando la ventana de producción”
Entrevista a Luis Miguel Vegas, gerente general de Proarándanos:
El arándano peruano vive una etapa de consolidación y transformación. El desafío ya no es solo exportar más, sino hacerlo de manera estratégica: ampliando la ventana comercial, evitando concentraciones de oferta y fortaleciendo la competitividad de la fruta peruana en un escenario global cada vez más exigente.
“La campaña 2025-2026 ha sido muy positiva para la industria peruana del arándano. Según las cifras registradas, el Perú alcanzó exportaciones por 381 917 toneladas, lo que representa un crecimiento de 19 % frente a la campaña 2024-2025; reflejando la madurez que viene alcanzando nuestra industria en términos de adaptación, competitividad y liderazgo en el mercado internacional”, señala Luis Miguel Vegas.
La evolución varietal ha sido, probablemente, una de las transformaciones más importantes que ha vivido la industria peruana del arándano en la última década. “El crecimiento del sector no solo se manifiesta en el incremento de hectáreas y volúmenes exportados, sino también en la profunda reconversión genética que ha experimentado el cultivo en el país”, agrega.
En los primeros años de desarrollo de la industria, variedades tradicionales como Biloxi tuvieron un rol decisivo. Vegas refiere que, gracias a su adaptación a las condiciones productivas del Perú, esta genética permitió que el país ingresara rápidamente al mercado internacional y construyera una posición competitiva en un periodo relativamente corto. Sin embargo –agrega–, conforme la industria fue madurando y los mercados comenzaron a elevar sus exigencias, el sector entendió que debía evolucionar hacia un portafolio varietal más moderno y sofisticado.
“Hoy observamos una transición muy clara hacia nuevas genéticas y variedades licenciadas que ofrecen mejores atributos comerciales y productivos. El consumidor internacional busca fruta con mayor firmeza, mejor sabor, buen calibre, bloom consistente y excelente condición a destino. Frente a ello, la genética se ha convertido en un factor estratégico para sostener la competitividad peruana”, enfatiza el gerente general de Proarándanos.
Actualmente, la participación de variedades licenciadas ha crecido de manera muy importante dentro del área certificada nacional, representando el 65 %. “Esto refleja la fuerte apuesta de las empresas por innovación, diferenciación y mejora continua. Variedades como Sekoya Pop, Mágica, Eurekas y Madeira, junto con otras nuevas genéticas provenientes de programas como Driscoll’s vienen ganando espacio debido a su capacidad para responder mejor a las exigencias del mercado internacional y a los desafíos logísticos actuales”, sostiene.
El impacto de esta evolución genética es muy significativo. En productividad, las nuevas variedades permiten obtener mayores rendimientos, mejor uniformidad y una producción más eficiente. En calidad, ofrecen fruta con mejores características organolépticas y una experiencia de consumo superior. Y en condición, aportan una mayor vida poscosecha y mejor comportamiento durante largos tránsitos marítimos, algo fundamental para un país exportador como el Perú. Vegas resalta que las nuevas genéticas están permitiendo extender ventanas de producción y diversificar la oferta exportable.
SUMANDO EXPERIENCIA
“El Perú continúa incrementando su capacidad productiva y exportadora, pero esta debe ser impulsada por una planificación estratégica que permita mantener la competitividad y evitar distorsiones comerciales. La idea es crecer de manera inteligente, evitando las concentraciones de volumen, extendiendo la ventana de producción”, indica Luis Miguel Vegas.
Señala que uno de los riesgos más importantes es la concentración excesiva de fruta en determinadas semanas de campaña. Cuando grandes volúmenes coinciden en periodos muy cortos, se generan presiones sobre los precios internacionales y también sobre toda la cadena logística: disponibilidad de contenedores, capacidad portuaria, transporte terrestre, materiales de empaque y servicios operativos.
“La industria ya ha enfrentado en campañas recientes situaciones de congestión logística y tiempos de tránsito más largos, lo que demuestra la necesidad de seguir fortaleciendo infraestructura y capacidad operativa. Hoy el desafío logístico no pasa solamente por exportar más fruta, sino por asegurar que llegue en óptimas condiciones y dentro de los tiempos requeridos por los mercados”.
Refiere que, en ese sentido, la calidad y condición de fruta adquieren un rol cada vez más importante. Los compradores internacionales demandan fruta que mantenga firmeza, sabor y vida poscosecha incluso después de viajes extensos hacia destinos como Asia o Europa. Por eso, la evolución genética y el manejo técnico se vuelven herramientas fundamentales para enfrentar los retos logísticos actuales.
La diversificación de mercados también representa un desafío estratégico. “Estados Unidos continúa siendo el principal destino del arándano peruano, pero el crecimiento de la industria exige consolidar presencia en Europa, Asia y otros mercados emergentes. Para ello, es necesario seguir trabajando en apertura comercial, promoción internacional y desarrollo de demanda global”, puntualiza.
“La industria global continúa creciendo y eso hace indispensable desarrollar nuevos consumidores y ampliar la frecuencia de consumo en los mercados actuales”, afirma el directivo de Proarándanos.
CAMINO POR DELANTE
El liderazgo global es mucho más complejo de sostener que de alcanzar. Hoy el Perú ocupa una posición privilegiada dentro de la industria mundial del arándano, pero el mercado internacional cambia constantemente y la competencia es cada vez más intensa. Por eso, el sector deberá seguir evolucionando en genética, tecnología, sostenibilidad y eficiencia operativa para mantener su competitividad en los próximos años.
Vegas señala que el mundo exige hoy una agricultura cada vez más responsable en términos ambientales y sociales. “El manejo eficiente del agua, la reducción de la huella ambiental, el bienestar laboral y la trazabilidad ya no son elementos complementarios, sino factores decisivos para acceder y consolidarse en los principales mercados internacionales”, afirma.
Otro desafío importante será desarrollar una gestión agronómica cada vez más alineada con el negocio y las dinámicas comerciales. “Adelantar la cosecha representa hoy un reto estratégico. Mercados como China exigen tiempos cada vez más competitivos, por lo que será fundamental trabajar con genéticas precoces, de bajo requerimiento de frío y con manejos agronómicos que permitan una adecuada diferenciación de la planta. Del mismo modo, estirar la cosecha requerirá nuevas estrategias de manejo, variedades adaptadas y decisiones productivas enfocadas no solo en el campo, sino también en las necesidades comerciales de la industria”, explica.
A ello se suman diversos factores externos que podrían impactar la campaña 2026-2027. “Además de la alerta por un posible fenómeno El Niño Costero, el escenario internacional genera incertidumbre debido a la guerra en Medio Oriente, que podría provocar alzas en el precio del petróleo, fertilizantes e insumos, interrupciones en rutas marítimas y una desaceleración de la economía global. También existe preocupación por las medidas arancelarias en Estados Unidos y los cambios en la dinámica del comercio internacional”, advierte.
Frente a este escenario, Vegas considera que el principal reto será mantener la capacidad de adaptación. “La industria peruana ha demostrado en los últimos años una enorme capacidad para innovar, reaccionar rápidamente y reinventarse frente a situaciones complejas. Esa flexibilidad, junto con una visión de largo plazo, será fundamental para sostener el liderazgo mundial del arándano peruano”, asegura.
