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“No estamos frente a un problema climático convencional”

Entrevista:
Ulises Osorio, consultor agroclimático

Más allá de la alerta de El Niño, el especialista sostiene que los efectos observados en los cultivos responden a una anomalía climática de mayor duración que viene alterando su comportamiento fisiológico. En esta entrevista explica cómo este escenario impacta el balance metabólico del arándano y qué medidas pueden adoptarse para preservar la productividad y la calidad de la fruta.

¿Qué impactos generan El Niño y las anomalías climáticas en la fisiología del arándano?

Desde 2022 observamos un evento climático anómalo de larga duración que está alterando el comportamiento habitual de los cultivos. En el caso del arándano, al que le favorecen condiciones más frescas, los efectos son particularmente notorios.

El principal impacto se da sobre la transpiración. Factores como los vientos, la baja humedad atmosférica y la alta radiación solar incrementan la pérdida de agua de la planta a una velocidad superior a su capacidad de absorción. Esto eleva la temperatura de las hojas y provoca el cierre de los estomas como mecanismo de defensa.

A ello se suma una alteración del balance hormonal. Bajo condiciones de calor, la planta tiende a producir más auxinas y giberelinas y menos citocininas, favoreciendo el crecimiento vegetativo y afectando el desarrollo equilibrado del cultivo.

A partir de allí se desencadenan otros efectos fisiológicos: disminuye la fotosíntesis, aumenta el estrés oxidativo por acumulación de especies reactivas de oxígeno (ROS) y la planta debe destinar energía a producir compuestos protectores para sobrevivir. Como consecuencia, genera menos fotosintatos y dispone de menos energía para procesos clave como floración, cuajado, llenado de fruto y maduración.

En campo observamos plantas con menor eficiencia fisiológica, retrasos en los procesos productivos y una reducción general de su capacidad para sostener rendimiento y calidad. Este comportamiento responde a la combinación de esta anomalía climática prolongada y el actual evento El Niño, que se mantiene dentro de lo que significa El Niño. Sus efectos vienen siendo monitoreados mediante mediciones de humedad ambiental, temperatura foliar, apertura estomática, radiación solar y estado hídrico de la planta. Estas evaluaciones nos permiten entender con mayor precisión cómo las condiciones climáticas están afectando la fisiología y el desempeño productivo de los cultivos.

¿Cómo afectan las altas temperaturas y el estrés hídrico la fotosíntesis y el desarrollo del fruto en arándanos?

Las altas temperaturas alteran el balance hormonal de la planta. Se incrementa la producción de hormonas asociadas al crecimiento vegetativo, como giberelinas y auxinas, mientras se reduce la capacidad de la planta para sostener un desarrollo equilibrado.

Al mismo tiempo, el estrés hídrico generado por la mayor transpiración incrementa la fotorespiración y reduce la eficiencia fotosintética. La planta consume más energía de la que produce y comienza a desbalancearse.

En estas condiciones, gran parte de los recursos se dirige al crecimiento vegetativo y a los mecanismos de defensa, mientras disminuye la inversión en raíces, floración y desarrollo de frutos.

Además, la distribución de nutrientes se ve afectada. Elementos poco móviles como calcio, boro y zinc llegan con mayor dificultad a los frutos. En arándano esto puede traducirse en una menor firmeza y consistencia, afectando la calidad final y la condición de exportación.

Por ello es fundamental aplicar estrategias de bioestimulación y ajustar la nutrición para compensar estos desequilibrios fisiológicos.

¿Cuáles son los principales errores de manejo frente al estrés térmico e hídrico en arándanos?

Uno de los principales errores es favorecer la acumulación de calor alrededor de las plantas. El uso de plástico negro como cobertura y de macetas o bolsas negras incrementa significativamente la temperatura del sistema radicular, agravando el estrés térmico.

Otro aspecto crítico es el manejo del riego. Cuando la planta ya ha cerrado parcialmente sus estomas por efecto del calor, aplicar grandes volúmenes de agua durante las horas más cálidas reduce la eficiencia del riego. La estrategia debe enfocarse en asegurar una adecuada disponibilidad hídrica desde las primeras horas del día.

También es un error realizar aplicaciones de agroquímicos cuando la planta se encuentra bajo un fuerte nivel de estrés. En esas condiciones se reduce la eficacia de los productos aplicados.

Finalmente, es importante entender que las condiciones actuales no pueden abordarse con las mismas recetas utilizadas en eventos El Niño anteriores. Pretender resolver los problemas únicamente mediante aplicaciones de citocininas o manejos tradicionales puede resultar insuficiente. Desde el año pasado, incluso bajo condiciones asociadas a La Niña, los campos no han mostrado el comportamiento habitual, lo que evidencia que estamos frente a una anomalía climática más compleja. Hoy, en zonas productoras del norte, ya se observan botones florales y floración bajo condiciones térmicas de 4 a 5 °C por encima de lo normal, una situación que exige estrategias de manejo adaptadas a esta nueva realidad climática.

¿Cómo sostener el equilibrio fisiológico, la productividad y la calidad del arándano ante el estrés climático?

Lo primero es entender el estado fisiológico de la planta y adaptar el manejo a sus necesidades reales. Como he señalado, hoy enfrentamos una variabilidad climática que exige monitoreo permanente y decisiones más precisas.

Una estrategia clave es reducir el estrés y favorecer la recuperación de reservas. Por ejemplo, después de la cosecha conviene realizar programas de bioestimulación antes de la poda, permitiendo que la planta recupere energía y acumule fotosintatos para la siguiente campaña.

También es importante utilizar herramientas que ayuden a mejorar la respuesta fisiológica frente al estrés, como aminoácidos, extractos de algas y otros bioestimulantes que favorezcan el equilibrio metabólico.

El objetivo es mantener una planta activa, con buena capacidad fotosintética y suficiente energía para sostener tanto la producción como la calidad de fruta.

¿Cómo debe prepararse la industria peruana del arándano para enfrentar eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos?

La preparación debe comenzar con un diagnóstico agroclimático preciso. Las grandes empresas agroexportadoras suelen enfrentar mejor estos escenarios porque incorporan el análisis climático dentro de su planificación y toman decisiones anticipadas en función de los riesgos esperados. Sin embargo, el problema es serio para los pequeños agricultores que no cuentan con capacitación ni asesoría técnica; bajo esta realidad climática anómala, les resulta muy difícil alcanzar los niveles de rendimiento que obtenían anteriormente.

Cada campaña presenta desafíos distintos. Por ello es fundamental evaluar con anticipación variables como temperatura, humedad, radiación, viento y presión de plagas y enfermedades, para ajustar oportunamente el manejo agronómico.

La industria también debe fortalecer el monitoreo fisiológico de las plantas, optimizar el uso de herramientas de bioestimulación y adaptar sus programas de nutrición, riego y sanidad a las condiciones previstas para cada campaña.

En un contexto de creciente variabilidad climática, la anticipación será cada vez más importante. Preparar a la planta antes de que aparezca el estrés permite proteger tanto el rendimiento como la calidad requerida por los mercados de exportación.

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