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Fertirriego en cítricos: claves técnicas para una nutrición eficiente y sostenible

Ing. Agr. Mg. Sc. Lorenzo Hurtado Leo, especialista en suelos y riego y profesor principal de la UNALM:

“Irrigar con precisión es la base de fertilizar bien”

El fertirriego se ha consolidado como una herramienta fundamental para optimizar la nutrición y el uso eficiente del agua en la citricultura moderna. Su correcta aplicación es determinante para alcanzar mayores niveles de productividad, calidad y sostenibilidad en los cítricos.

¿Qué criterios son esenciales para un fertirriego eficiente y ajustado al cultivo?

La fertirrigación ofrece ventajas claras frente a otras prácticas de manejo nutricional, pero solo es posible si el riego localizado está correctamente programado, planificado, ejecutado y permanentemente monitoreado.

El suministro de nutrientes debe ajustarse a las necesidades fisiológicas y nutricionales de cada etapa fenológica del cultivo. Para ello, es indispensable un cálculo preciso de las dosis, basado en una correcta interpretación de los análisis de agua y suelo, y una aplicación localizada y uniforme en la zona radicular. Esto requiere inyectores capaces de modificar volúmenes y concentraciones durante el proceso de la fertirrigación, de modo que las sales fertilizantes se dosifiquen con exactitud.

Estas ventajas, sin embargo, implican enfrentar importantes desafíos técnicos. La fertirrigación demanda un alto nivel tecnológico, propio de la agricultura de precisión. La calibración de la velocidad de inyección debe ser constante; hoy existen inyectores de última generación que facilitan esta tarea, siempre que sean bien manejados.

Fertilizar con precisión implica, antes que nada, irrigar con precisión. Uno de los principales problemas es la obturación de emisores, causada por factores físicos, químicos y biológicos asociados a la calidad del agua y a la formación de precipitados salinos en el interior de los emisores, lo que reduce el caudal y afecta la uniformidad y por tanto la eficiencia del riego, base del éxito de la fertirrigación. A ello se suman posibles deficiencias en el diseño, instalación u operación del sistema, así como la falta de experiencia en la preparación de las soluciones nutritivas y en el manejo de inyectores, filtros y tanques de recepción.

Desde su experiencia, ¿qué sistema de riego es el más adecuado para los cítricos?

Todos los sistemas de riego presentan dificultades para operar con alta eficiencia. La eficiencia —entendida como la relación entre los recursos utilizados y los resultados obtenidos— es uno de los principales retos en la irrigación y en la aplicación de agroquímicos vía riego. Actualmente, no existe un sistema que garantice 100 % de eficiencia.

Diversos factores explican estas limitaciones, incluso en emisores de fábrica —goteros o microaspersores— cuyos caudales nominales pueden variar. El uso de aguas marginales o con problemas de calidad deteriora rápidamente la eficiencia del sistema. A ello se suma el desconocimiento de reacciones entre sales incompatibles que precipitan dentro de los emisores, alteran el caudal y reducen la eficiencia del riego y de la fertirrigación, incrementando costos y afectando los rendimientos.

Por tanto, si debo señalar el sistema más conveniente para un proyecto de riego moderno y, en particular, para cítricos, debo decir que es el riego localizado por goteo. Bien diseñado e instalado, con equipos de calidad, personal capacitado y emisores de bajo caudal, de 2 a 4 L/h, ofrece mejores resultados. Esto se debe a la amplia información, experiencia y tecnología disponibles, que permiten al usuario encontrar soluciones rápidas a problemas específicos.

¿Qué tan clave son el agua, el suelo, los análisis foliares y la fertilización foliar en la nutrición de cítricos?

Cuando se incorporan nuevas tierras a la agricultura moderna, se cambia de cultivo o aumentan la competitividad del mercado y los costos, el componente más importante de la producción vegetal en condiciones de aridez, como las de nuestra costa, es el agua. Su presencia permite el crecimiento vegetal, pero su calidad define el éxito del proyecto agrícola. La química del agua de riego puede modificar en el corto plazo la físico-química del suelo: suelos de buena calidad pueden degradarse rápidamente si el agua es marginal, mientras que suelos con limitaciones pueden volverse productivos si se dispone de agua de buena calidad.

Los análisis de agua y de suelo son hoy instrumentos clave para la toma de decisiones en el uso, manejo y conservación de estos recursos, así como en la agronomía de los cultivos. Su correcta interpretación es la base para planificar y administrar el riego y la fertilización, adecuando racionalmente los medios; las plantas, los suelos, el agua y el clima. En la agricultura moderna y de precisión deben cumplirse cuatro principios básicos, denominados las 4C:  la fuente (agua e insumos) debe ser la correcta; el momento (intervalos de riego) debe ser el adecuado; el nivel a aplicar (cantidad de agroquímicos) debe ser el apropiado; y el lugar de aplicación (zona de raíces) debe ser el correcto. Esto requiere una adecuada programación, es decir planificar y organizar el riego y la fertilización, así como administrar y ejecutar ambas actividades según lo planificado. Finalmente, la revisión y el monitoreo constante de lo actuado aseguran la eficiencia y eficacia del proceso, es decir, optimizando la aplicación racional de agua y nutrientes. Debo recalcar que este proceso solo es posible utilizando sistemas de riego eficientes, localizados y de alta frecuencia, junto con sales fertilizantes hidrosolubles, de alta pureza y sin incompatibilidades.

En cuanto a los análisis foliares, que determinan el contenido de nutrientes en las hojas para evaluar el estado nutricional del cultivo, si bien son una herramienta ampliamente utilizada, su interpretación no siempre es concluyente. La experiencia muestra, por ejemplo, que se encuentran mayores concentraciones de nitrógeno en plantas sometidas a estrés que en plantas bien nutridas, debido a su escaso crecimiento foliar y menor distribución del elemento. Algo similar ocurre con el fósforo, cuyas concentraciones foliares suelen mantenerse relativamente constantes a lo largo del ciclo, pese a que su absorción es intensa solo en los primeros estadios fenológicos. Esto se explica por su rol metabólico, presente en la planta en moléculas de alta energía (ATP), lo que dificulta una interpretación directa para decisiones de balance nutricional.

Respecto a la fertilización foliar, es importante recordar que cada órgano vegetal cumple una función específica. Las hojas están destinadas principalmente a la fotosíntesis, la respiración y la transpiración, procesos claves para la producción de energía y la regulación térmica. La absorción de agua y nutrientes corresponde al sistema radicular, que explora el suelo y absorbe los elementos en formas disponibles principalmente por flujo de masas de la corriente transpiratoria. Por ello, la fertilización foliar tiene un alcance limitado, discutible, muy específico y no sustituye el adecuado manejo de la nutrición vía suelo y raíces.

En términos de fertirriego y manejo nutricional, ¿qué particularidades deben considerarse en variedades tempranas frente a variedades tardías?

La diferente época de maduración del fruto en los cítricos los divide en variedades tempranas, que se cosechan en otoño en nuestras condiciones de costa, y variedades tardías, que se cosechan en primavera. El clima costero permite el manejo de ambos grupos: las temperaturas máximas se sitúan entre 26 y 32 °C y las mínimas entre 8 y 12 °C.

Las mandarinas Satsuma, las Clementinas y otros híbridos tempranos son preferidos por los agricultores de la costa central. En cambio, naranjas como la Valencia, así como toronjas o pomelos y limas, prosperan mejor en condiciones de mayor calor y humedad. Es bien conocido que la época ideal de cosecha de mandarinas en la costa central se ubica entre abril y junio, debido a la presencia de grandes mercados como Brasil y los mercados asiáticos. No obstante, los especialistas en cítricos señalan la necesidad de buscar variedades que permitan extender la campaña de mandarinas y reducir la dependencia de la W. Murcott.

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