Juliana Freitas-Astúa: «Un buen programa sanitario siempre comienza en el vivero»
Los virus y viroides son patógenos de gran importancia para la citricultura mundial, debido a que pueden causar enfermedades que reducen el crecimiento, la productividad y la longevidad de los cultivos. Frente a esta amenaza, la prevención y la vigilancia fitosanitaria resultan fundamentales.
Los virus son agentes infecciosos compuestos por material genético protegido por una cubierta proteica, mientras que los viroides son moléculas de ARN aún más simples, carentes de esta estructura. Ambos son capaces de causar enfermedades en las plantas.
Estos patógenos están presentes en el Perú y pueden afectar la citricultura en determinadas circunstancias. “Los viroides de la exocortis (CEVd) y de la cachexia o xiloporosis (HSVd) pueden causar daños importantes en la corteza cuando se presentan en combinaciones susceptibles entre copa y portainjerto, reduciendo el vigor de los árboles y la productividad”, señala la Dra. Juliana Freitas-Astúa, investigadora de la Corporación Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa). Agrega que portainjertos ampliamente utilizados en el Perú, como el citrumelo Swingle y la mandarina Cleopatra, son susceptibles a CEVd y HSVd, respectivamente.
La especialista sostiene que también es importante mantener la vigilancia frente a enfermedades aún ausentes en el país, pero que representan un riesgo fitosanitario, como la leprosis de los cítricos, causada por virus transmitidos por ácaros del género Brevipalpus. “Estos virus, que ya están presentes en Brasil y en otros 13 países de América, pueden provocar pérdidas por la caída prematura de frutos, la disminución del rendimiento y el aumento de los costos de manejo, especialmente en naranjos, que son altamente susceptibles”, puntualiza.
De acuerdo con el Fundo de Defesa da Citricultura (Fundecitrus), en la campaña 2025/2026, la leprosis ocasionó pérdidas equivalentes al 2,5 % de la producción de naranjas (9,5 millones de cajas) en el cinturón citrícola de São Paulo y del Triángulo/Sudoeste de Minas Gerais, debido a la caída prematura de los frutos. Esto demuestra que el impacto de la enfermedad puede ser elevado cuando las condiciones climáticas favorecen su desarrollo y el del ácaro vector.
Otra enfermedad que merece atención es la psorosis, presente en países como Argentina y Uruguay. Esta afecta la corteza, las hojas y los frutos, y su principal medida de manejo es la prevención mediante el uso de material vegetal certificado.
“En general, el impacto de estas enfermedades depende del patógeno, de la variedad, del portainjerto y del manejo del cultivo. Pueden reducir el vigor de los árboles, disminuir el rendimiento y la calidad comercial de la fruta e incrementar los costos de producción”, indica la Dra. Freitas-Astúa.
EN ACCIÓN
La prevención es la estrategia más eficiente y menos costosa para evitar la introducción y propagación de virus y viroides en las plantaciones de cítricos. “Entre las medidas prioritarias destacaría el uso de material vegetal certificado y libre de patógenos, el fortalecimiento de los programas de vigilancia y monitoreo, la implementación de medidas de bioseguridad en viveros y campos de producción, y el control eficiente de los vectores cuando corresponda”, precisa la investigadora de Embrapa.
“El mejor camino sigue siendo la prevención: utilizar plantas certificadas, monitorear periódicamente los huertos y actuar oportunamente ante la detección de síntomas sospechosos. Un buen programa sanitario siempre comienza en el vivero”, enfatiza.
También es importante capacitar continuamente a productores y técnicos para que puedan reconocer síntomas tempranos y comunicar rápidamente cualquier sospecha. “La coordinación entre productores, investigadores y autoridades fitosanitarias es fundamental para actuar rápidamente ante cualquier detección y evitar la dispersión de nuevas enfermedades”, agrega.
Resalta que un diagnóstico confiable depende de personal capacitado, protocolos de muestreo adecuados, laboratorios bien equipados y técnicas moleculares sensibles y específicas. Además, es primordial que el diagnóstico sea rápido, ya que la detección temprana permite tomar decisiones oportunas para evitar la dispersión de los patógenos.
“He observado que el Perú ha realizado avances importantes en el fortalecimiento de sus capacidades de diagnóstico y vigilancia fitosanitaria. Existen grupos de investigación e instituciones que están incorporando metodologías modernas y fortaleciendo la colaboración con centros internacionales. Mantener y ampliar estos esfuerzos será esencial para enfrentar los desafíos futuros”, enfatiza la Dra. Freitas-Astúa.
LA AMENAZA DEL HLB
“El HLB continúa siendo el principal desafío fitosanitario para la citricultura brasileña y mundial. Aunque el conocimiento científico sobre la enfermedad ha avanzado considerablemente, todavía no existe una cura para los árboles infectados”, sostiene.
De acuerdo con el Fundecitrus, la incidencia promedio del HLB en los naranjales del cinturón citrícola de São Paulo y del Triángulo/Sudoeste de Minas Gerais alcanza el 47,63 %, lo que representa cerca de 99,6 millones de árboles afectados de un total de 209 millones. Esta situación ha llevado a la expansión de nuevas áreas citrícolas hacia regiones donde la enfermedad aún no está presente o donde su incidencia sigue siendo baja.
“La principal lección que hemos aprendido en Brasil es que actuar de manera temprana, e incluso preventiva, marca toda la diferencia. Una vez que el HLB se establece ampliamente, su manejo se vuelve mucho más complejo y costoso”, afirma la especialista.
“La experiencia brasileña demuestra que el éxito depende de un manejo integrado y continuo, basado en el uso de plantas certificadas, el monitoreo frecuente de los huertos, la eliminación rápida de plantas infectadas, el control del psílido (Diaphorina citri) y, sobre todo, en la acción coordinada entre productores de una misma región. Cuando estas medidas se aplican de manera aislada, su eficacia disminuye considerablemente”, comenta.
Fortalecer la prevención y el manejo de virus, viroides y HLB es imprescindible para el sector citrícola. “Mi principal recomendación para los productores peruanos es mantener una actitud preventiva. Es mucho más efectivo y económico evitar la introducción de una enfermedad que intentar controlarla una vez establecida”, enfatiza.
“Considero fundamental fortalecer la colaboración entre el sector productivo, las instituciones de investigación y las autoridades fitosanitarias, ya que los desafíos sanitarios requieren una respuesta coordinada. Finalmente, es necesario continuar invirtiendo en investigación e innovación, tanto para desarrollar nuevas herramientas de diagnóstico como para mejorar las estrategias de manejo de enfermedades y de sus vectores”, subraya la Dra. Juliana Freitas-Astúa.
