Perú supera las 103 mil hectáreas de cítricos distribuidas en 23 regiones
Perú, país citrícola
El cultivo de cítricos está presente en 23 regiones del país, con una distribución y especialización que reflejan la diversidad de sus condiciones productivas. Su desarrollo permite atender tanto el mercado interno como el de la agroexportación.
De acuerdo con información de Midagri, en 2025 el país registró 103 854 hectáreas de cítricos, distribuidas en 23 regiones. La superficie está concentrada principalmente en naranja, lima y mandarina, que en conjunto representan más del 90 % del área citrícola nacional. La naranja lidera con 37 100 hectáreas, seguida por la lima con 33 938 y la mandarina con 25 318 hectáreas.
Junín encabeza el ranking nacional, con 22 803 hectáreas, equivalentes a cerca del 22 % del área total. Su fortaleza radica principalmente en la producción de naranja, que ocupa 15 053 hectáreas, aunque también destaca por sus áreas de mandarina y tangelo. Le sigue Piura, con 19 682 hectáreas, donde existe una marcada especialización en lima: 19 074 hectáreas corresponden a este cultivo, convirtiendo a la región en el principal polo de producción de esta especie.
En tercer lugar se encuentra Lima, con 12 159 hectáreas, destacando ampliamente la mandarina, con 10 932 hectáreas. Esta concentración refleja el importante desarrollo de la citricultura orientada a este cultivo en la costa central. Ica, con 7 195 hectáreas, ocupa el cuarto lugar y también presenta una fuerte presencia de mandarina, con 5 653 hectáreas, además de áreas de naranja y tangelo. San Martín, con 6 211 hectáreas, completa el grupo de las cinco principales regiones.
En conjunto, Junín, Piura y Lima concentran 54 644 hectáreas, es decir, 52,6 % de toda la superficie citrícola del país.
DIVERSIDAD TERRITORIAL
La citricultura peruana posee una distribución diversa y una marcada especialización regional. Mientras Junín sobresale por la naranja y combina varias especies, Piura concentra su superficie en limones; Lima e Ica destacan por la mandarina, y San Martín, Puno y Cusco presentan importantes extensiones de naranja. Otras regiones, como Loreto, Tumbes y Lambayeque, tienen una participación menor en superficie, pero muestran especialización en determinados cítricos.
Esta diversidad territorial constituye una de las principales fortalezas de la citricultura peruana, al permitir contar con diferentes zonas productoras y una oferta variada de especies. Al mismo tiempo, la concentración de más de la mitad del área en tres regiones evidencia la importancia de fortalecer la productividad, sanidad vegetal y manejo agronómico en estos principales núcleos citrícolas, sin dejar de impulsar el desarrollo de las zonas con menor superficie y potencial de crecimiento.
